Un punto y aparte, pero nunca un punto final

Hay trayectorias profesionales que se miden por los cargos desempeñados y otras que, además, se reconocen por la huella humana que dejan en quienes tienen la suerte de compartirlas. La de José Luis López Guío pertenece, sin duda, a estas últimas.

Hoy ha puesto punto y aparte a su etapa como presidente del Colegio Oficial de Secretarios, Interventores y Tesoreros de la Administración Local de la provincia de Cádiz (COSITAL), poniendo fin a una responsabilidad que ha ejercido desde Algeciras, la ciudad que lo acogió hace ya más de cuatro lustros y que, con el paso de los años, ha terminado sintiendo como propia.

Porque José Luis es toledano de nacimiento, pero andaluz de adopción y, sobre todo, algecireño de corazón. Tanto es así que pocos podrían imaginar que aquel castellano que llegó hace tantos años a nuestra tierra no nació a la sombra de nuestra Bahía. Algeciras lo hizo suyo y él, por méritos propios, también la hizo suya.

Su dilatada trayectoria profesional habla por sí sola. Ayuntamientos como los de Sonseca, Ginés, Punta Umbría, Algeciras o Los Barrios podrían dar buena cuenta de su compromiso con la Administración Pública, de su rigor en el ejercicio de sus responsabilidades y, muy especialmente, de su calidad humana. Un profesional que, pese a la experiencia acumulada y a los años de servicio, conserva una virtud que no siempre acompaña a quienes alcanzan determinadas cotas de conocimiento: la humildad de levantarse cada mañana con la disposición de aprender algo nuevo.

Pero José Luis no se entiende únicamente desde su condición de Habilitado Nacional y Secretario General del Excmo. Ayuntamiento de Algeciras. Hay mucho más detrás de ese profesional.

Su particular criterio gastronómico puede elevar un plato a la categoría de experiencia memorable; su conocimiento de los caldos, tintos o blancos, tiene la virtud de armonizar cualquier reunión y prolongar una buena sobremesa. Taurino convencido, amante del Arte Sacro y de nuestra Semana Santa, gran lector y atlético de corazón, reúne una combinación de aficiones, conocimientos y pasiones que hacen de él un personaje difícil de encasillar y, precisamente por ello, especialmente interesante.

También le ha tocado vivir momentos profesionales de enorme complejidad. Incluso quien, después de tantos años de servicio público, pudiera pensar que ya lo había visto casi todo, tuvo que afrontar una de esas circunstancias que ponen a prueba no solo la capacidad profesional, sino también la fortaleza personal. Me refiero a la moción de censura vivida en nuestra ciudad, ante la que pronunció una frase que difícilmente olvidaré:

«No me gustaría estar en el pellejo de muchos, e incluso en el mío propio».

Una reflexión que, con pocas palabras, retrataba la dimensión de lo que se estaba viviendo y la responsabilidad que entrañaba aquel momento.

Hoy concluye una etapa al frente de COSITAL, pero me resisto a hablar de despedida. Prefiero hablar de un punto y aparte, porque no me cabe la menor duda de que seguirá estando ahí, dispuesto a escuchar, orientar y echar una mano a cualquier compañero que necesite de su experiencia y conocimiento. Los cargos tienen fecha de inicio y de finalización; la vocación de servicio y la disposición hacia los demás no deberían tenerla.

Y quienes tenemos la fortuna de compartir con él el día a día en el Ayuntamiento sabemos bien de lo que hablo. Es una suerte contar con José Luis como jefe, pero lo es aún más poder hacerlo desde la cercanía, el aprendizaje y el trato humano. Estoy convencido de que mis compañeros de la casa, y muy especialmente quienes formamos parte de la Secretaría General, suscribirán estas palabras.

Gracias, José Luis, por tu compromiso, por tu profesionalidad, por tu generosidad y por esa manera tan particular de entender el servicio público. Gracias también por demostrar que detrás de cada cargo hay una persona y que la autoridad profesional gana mucho cuando se acompaña de humanidad.

Termina una responsabilidad, pero permanece el compañero, el maestro de muchas pequeñas lecciones cotidianas y, sobre todo, la persona.

Porque hay cargos que se dejan, responsabilidades que se entregan y etapas que concluyen. Pero hay huellas que permanecen.

Y la tuya, José Luis, es una de ellas.

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