Hablar del verano en La Línea de la Concepción es hacerlo también de los volaores, un producto que forma parte de la identidad gastronómica e histórica del municipio. Su presencia en puestos de venta y establecimientos tradicionales anuncia cada año el inicio de una costumbre que ha pasado de generación en generación, especialmente entre las familias vinculadas al mar.
Los volaores son peces voladores, una especie conocida por su capacidad para desplazarse fuera del agua planeando durante varios metros gracias al desarrollo de sus aletas. En La Línea, lejos de consumirse frescos de forma habitual, su preparación sigue un proceso artesanal basado en la salazón y el secado al aire.
Tras su captura durante los meses de verano, los ejemplares se limpian cuidadosamente, se cubren con sal durante varias horas y posteriormente se lavan antes de ser colgados al sol y al viento, una combinación que permite obtener el característico producto seco que identifica esta tradición local.
La Atunara, origen de una costumbre centenaria
La historia de los volaores está estrechamente vinculada al barrio pesquero de La Atunara. Fueron los propios pescadores quienes comenzaron hace décadas a conservar este pescado mediante técnicas tradicionales de salazón, una solución que permitía prolongar su consumo en una época en la que no existían los actuales sistemas de refrigeración.
Con el paso del tiempo, aquella práctica dejó de ser únicamente un método de conservación para convertirse en una de las señas de identidad gastronómicas de La Línea. Durante muchos años fue habitual contemplar los volaores secándose al aire frente a las viviendas del barrio, una imagen que todavía permanece en la memoria colectiva de numerosos vecinos.
Esta actividad llegó además a representar un complemento económico para muchas familias marineras, que aprovechaban la temporada estival para capturar, elaborar y vender este producto de forma artesanal.
La temporada de los volaores
La campaña de los volaores se desarrolla exclusivamente durante el verano. Habitualmente comienza entre los meses de julio y agosto y puede prolongarse hasta septiembre, dependiendo de las capturas y de las condiciones del mar.
Su consumo alcanza uno de sus momentos de mayor protagonismo durante la Velada y Fiestas de La Línea y en las primeras semanas de agosto, cuando el proceso de curación ya ha finalizado y el producto llega a los puntos de venta tradicionales.
Hoy, los volaores continúan formando parte del patrimonio gastronómico linense y mantienen intacto su valor como símbolo de la cultura marinera de La Atunara. Más allá de su sabor, representan una tradición que sigue identificando a la ciudad y que cada verano vuelve a ocupar un lugar destacado entre vecinos y visitantes.






