El poder silencioso de las Hermandades en la sociedad actual

Artículo de opinión por, Juan Francisco Pereira Casas

En muchas ocasiones, el verdadero poder de las hermandades y cofradías pasa desapercibido ante los ojos de la sociedad. Acostumbrados a verlas en sus cultos, procesiones o actos tradicionales, olvidamos con facilidad la enorme labor humana, social y evangelizadora que desarrollan más allá de los muros de sus templos. Un poder silencioso, discreto y constante, que se manifiesta especialmente cuando salen al encuentro de la gente y hacen vida en la calle.

Ayer, la Venerable Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Algeciras volvió a dar un claro ejemplo de ello con la celebración de su tradicional zambombá navideña, una auténtica catequesis práctica hecha convivencia, alegría y fraternidad. La Cuesta del Rayo vivió una jornada magnífica gracias al esfuerzo y la dedicación de los hermanos de la hermandad, que desde su sede canónica, la Parroquia del Santísimo Corpus Christi, lograron convertir un espacio cotidiano en un verdadero lugar de encuentro fraternal y cristiano.

Jóvenes y mayores se dieron cita para celebrar una fecha tan importante como es el próximo nacimiento del Niño Jesús. No hubo distinciones ni barreras: solo ganas de compartir, de convivir y de vivir la fe desde la cercanía y la sencillez. Entre villancicos, conversaciones, risas y mesas compartidas, la hermandad volvió a demostrar que evangelizar también es crear comunidad.

Desde estas líneas, creo justo felicitar a todos los que hicieron posible un evento que pone en valor la gran labor que realizan las hermandades, en particular en esta ocasión la Hermandad del Rocío de Algeciras fuera de su templo, engrandeciendo no solo la Cuesta del Rayo, sino también la ciudad de Algeciras. Una labor que no busca protagonismo, sino servicio, y que deja huella en quienes participan, en quienes paticipaban y en quienes observan.

Mi sincera enhorabuena a toda la Hermandad del Rocío y, en su nombre, a su Hermano Mayor, Javier Vega, por regalarnos un gran día de convivencia entre rondallas, villancicos, cervezas, chocolate, arroz y pestiños, en un ambiente fraternal que volvió a situar su altruista trabajo en lo más alto de su querida, y me querida, Cuesta del Rayo.

Porque Dios es Amor, y no hay mejor forma de dar testimonio de Él que ver a jóvenes y no tan jóvenes disfrutando juntos en los aledaños de la Parroquia del Corpus Christi, compartiendo fe, tradición y vida. Que la Madre de Dios, en la advocación de la Virgen del Rocío y de la Palma, nuestra Madre y Patrona, os lo premie siempre, sin olvidar nunca el Buen Fin que con tanto empeño realizáis.

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