La pasada noche cuando el sol se puso sobre el horizonte, la subdelegada del gobierno de España en la provincia de Cádiz, Blanca Flores, acompañada de la coordinadora de la oficina del Campo de Gibraltar en Algeciras, Esperanza Pérez, asistieron a la cena iftar en la sede del Consulado del Reino de Marruecos, invitadas por el Cónsul general del reino de Marruecos en Algeciras, Driss Soussi.
Siguiendo la tradición tomaron unos dátiles en número impar, como se sabe que hacía el Profeta Mahoma, bebieron un vaso de leche tibia y se hizo la preceptiva oración del Magreb, una de las cinco obligatorias del día, antes de sentarse con sus invitados para el iftar, la cena con que se celebra el fin de las 14 horas de ayuno.
La subdelegada, en calidad de huésped del consulado compartió el iftar con el Cónsul y otras autoridades e invitados entre los que se encontraban el alcalde de San Roque, Juan Carlos Ruiz Boix el Coronel de la comandancia de Cádiz Luis Martín, el Coronel de la comandancia de Algeciras Francisco Almansa, la Comisaria de la Policía Nacional de La Línea María José Martínez, el Comisario Jefe de la UCOL Ramón Fernández, el Comandante Naval Fernando García o el director del CIE de Algeciras Juan Carlos Lara entre otras personalidades.
En todos los países islámicos es costumbre disfrutar con toda la familia o amigos de las cenas iftar y degustar sabrosos manjares.
En Marruecos es habitual empezar con la harira, un potaje rico en nutrientes y muy calorífico. Comieron también huevos duros con comino, pasteles salados, tallines de pescado y de carne y cuscús. Como es costumbre se presentan en grandes fuentes para servirse solo un poco de cada una y comer aún menos del plato para, de ese modo, dejar sitio a lo que venga después. Es descortés dejar el plato limpio; pues parecería que estamos hambrientos y eso no es correcto.
Uno de los modos de demostrar hospitalidad en el mundo árabe es ofreciendo grandes cantidades de comida a los huéspedes.
Al final de la cena y después del obligado té, los invitados posaron para inmortalizar el encuentro en la escalera principal del consulado.






