Cuando cuidar a nuestros padres ya mayores no es decidir por ellos

Cuidar a padres mayores puede alterar los roles dentro de una familia y generar conflictos, dudas y sobrecarga. El psicólogo Feliciano Villar señala cuatro claves para acompañarlos respetando su autonomía y sin descuidar a quienes asumen los cuidados
Cropped shot of an unrecognizable man leaning on his walking stick

Cuando los padres envejecen y comienzan a necesitar ayuda, la familia afronta un cambio en sus relaciones que puede generar dudas, conflictos y sobrecarga. Sin embargo, asumir los cuidados no implica sustituir sus decisiones ni tratarlos como si hubieran dejado de ser adultos.

Feliciano Villar, catedrático de Psicología del Desarrollo en la Universidad de Barcelona y director del máster en Psicogerontología, defiende que el acompañamiento debe construirse desde el respeto a la autonomía, la comunicación y el reparto de responsabilidades dentro de la familia.

El especialista acaba de publicar con Plataforma Editorial Mis padres se hacen mayores. Cómo cuidar cuando los roles cambian, una obra dirigida a hijos adultos cuyos padres envejecen y basada tanto en sus conocimientos como psicólogo como en su propia experiencia familiar.

Autonomía de las personas mayores: cuidar sin sustituir

Una de las principales claves que plantea Villar es evitar la infantilización de los padres mayores, especialmente cuando aparecen situaciones de dependencia. El objetivo, sostiene, debe ser prestar apoyo sin sustituirlos ni asumir automáticamente las decisiones que todavía pueden tomar.

Esta idea debe mantenerse incluso ante procesos de demencia. Aunque la capacidad para decidir pueda reducirse progresivamente, el psicólogo considera necesario conservar hasta el final todos aquellos espacios en los que la persona pueda expresar sus preferencias y mantener cierto control sobre su vida.

Villar advierte de que, cuando una persona empieza a debilitarse, los hijos pueden caer en la tentación de pensar que saben qué es lo mejor para ella. Frente a esa actitud, apuesta por tener en cuenta la visión y la perspectiva vital de los padres durante todo el proceso de cuidados.

Comunicación familiar para conocer mejor a los padres mayores

El envejecimiento también puede convertirse en una oportunidad para conversar más con los padres y conocer su historia. Para Villar, comprender las experiencias que han vivido, sus pensamientos y la manera en la que interpretan el mundo permite entender mejor tanto a los progenitores como a los propios hijos.

El catedrático recuerda que parte de la identidad de cada persona está relacionada con la educación y las experiencias transmitidas dentro de la familia. Por ello, interesarse por la trayectoria vital de los padres ayuda a conservar ese legado y a comprender mejor determinados comportamientos o formas de pensar.

Estas conversaciones pueden servir también para mejorar los cuidados, ya que permiten conocer con mayor precisión qué quieren los padres, cuáles son sus prioridades y cómo desean afrontar su propio envejecimiento.

Reparto de cuidados entre hermanos para evitar la sobrecarga

Otra de las cuestiones fundamentales es la distribución de las responsabilidades familiares. Villar señala que el incremento de las necesidades de atención puede repercutir directamente sobre la vida del cuidador y provocar consecuencias negativas cuando la dedicación termina superándolo.

Por este motivo, considera necesario negociar el reparto de los cuidados entre los hermanos y utilizar todos los recursos disponibles. Las diferencias sobre quién dedica más tiempo o asume mayores responsabilidades pueden generar resentimientos que, si se acumulan, terminan deteriorando las relaciones familiares.

El psicólogo apunta además al componente de género que todavía existe en los cuidados, al recaer con frecuencia sobre las mujeres. Frente a esta situación, sostiene que los hombres también deben y pueden participar en la misma medida en la atención a los padres mayores.

Acuerdos familiares basados en una comunicación efectiva

La cuarta clave pasa por establecer patrones de comunicación en los que las necesidades y opiniones puedan expresarse abiertamente. Villar plantea la importancia de ponerse en el lugar del otro sin renunciar a defender la propia posición para intentar alcanzar acuerdos asumibles por todos.

En la relación con los padres, este diálogo debe mantener como referencia su dignidad y su perspectiva de vida, teniendo presente que son ellos quienes deben continuar tomando sus decisiones mientras puedan hacerlo. El propósito no debe ser ganar una discusión, sino encontrar soluciones razonables para todas las partes.

El especialista reconoce que este proceso puede resultar complejo debido a las inercias acumuladas durante años dentro de las familias. Por ello, defiende crear un clima en el que puedan escucharse todos los puntos de vista y buscar acuerdos que permitan cuidar sin infantilizar y sin dejar de atender las necesidades de quienes cuidan.

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