Luces y sombras de un Carnaval que crece año tras año

Concluido el Carnaval, llega el momento de hacer balance. Y quien disfruta intensamente de estas fiestas no puede evitar reflexionar sobre lo vivido, lo bueno y lo mejorable, en un Carnaval que, sin duda, ha sido especial.

Todo comenzó el sábado con el concurso de agrupaciones, un certamen que crece año tras año gracias, sobre todo, al esfuerzo de los grupos participantes y a la labor incansable de la Asociación de Carnaval. Su compromiso garantiza una organización ágil y eficaz, aunque es justo reconocer que el teatro —escenario principal del evento— sigue necesitando más atención y un mayor esfuerzo por parte del Ayuntamiento para estar a la altura.

El viernes de Carnaval dio el pistoletazo de salida con una cabalgata que volvió a llenar las calles de ambiente y color. El clima acompañó y los grupos se entregaron al público, que esperaba con entusiasmo vivir una jornada de fiesta. Sin embargo, la organización fue uno de los puntos débiles: los grupos quedaron desatendidos al final del recorrido, mientras las carrozas llegaban a la meta como si de una carrera de Fórmula 1 se tratara. En la Plaza Alta, un grupo gaditano animó la noche, aunque no de primer nivel, como se había anunciado previamente.

El sábado, tradicionalmente la jornada más esperada, dejó luces y sombras. A pesar del gran ambiente en calles como La Inesperada y el Mercado de la Victoria —ambos abarrotados—, la Plaza Alta volvió a presentar una imagen desangelada, sin música ni actividad carnavalera. Ya por la noche, el público se volcó con la esperada actuación del Yuyu, que congregó a una multitud deseosa de disfrutar del buen humor y las coplas gaditanas.

El domingo, jornada de despedida, repitió la tónica. De nuevo, la Plaza Alta lució vacía y sin propuestas para los numerosos algecireños que esperaban cerrar el Carnaval por todo lo alto. El programa oficial no se cumplió: habían programado actos que no se cumplieron para nada y todo comenzó a las 17:00 horas, con una comparsa semifinalista —lejos de lo prometido—, seguida por el pregón del dios Momo, que por fin asumió su papel protagonista y estuvo a la altura de lo que representa. La entrega de premios se desarrolló con rapidez, quizá demasiada, transmitiendo la sensación de que la organización tenía prisa por dar por concluido el evento.

En resumen, el Carnaval dejó actuaciones de gran nivel por parte de los grupos, demostrando que la fiesta goza de buena salud y está en pleno auge. Sin embargo, la organización municipal no estuvo a la altura del entusiasmo popular ni del esfuerzo de los participantes.

Queda en el aire una pregunta: ¿qué ocurrió con el pasacalles anunciado en el programa? Muchos lo esperaban, pero finalmente no se celebró.

Ahora solo queda mirar hacia adelante y desear que el próximo Carnaval llegue pronto, con los mismos ánimos… y una organización a la altura de la fiesta que Algeciras merece.

Enhorabuena a todos los grupos y participantes.

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